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El otro fuego, de Inés Mendoza, trata sobre la otra vida –o la vida otra– esa que deseamos unas veces y no nos atrevemos a agarrar o que, otras veces, ni siquiera sabemos que existe. ¿Por qué? Porque estamos ahogados en convencionalismos, inmersos en la vida que todo el mundo lleva y parece ser la única manera de vivir que existe: claudicando, adaptándose camaleónicamente a lo que se supone que debemos ser.

Inés Mendoza es elegante cuando escribe. La suya es una palabra poética y bella, romántica en el sentido más “real” del término: sus expresiones denotan el deseo de desconexión con un mundo que no satisface a los personajes ni a nadie que no esté drogado de conformismo para acceder a una realidad superior y más verdadera. Leerla es un placer y deja también un aguijón clavado. Ese aguijón de inconformismo.


El verano más caluroso del siglo. Cuatro casas perdidas entre los trigales. Seis niños, en sus bicicletas, se aventuran por entre los campos. En medio de ese mar de espigas, hay un secreto espeluznante que cambiará para siempre la vida de uno de ellos, Michele. Para afrontarlo deberá encontrar fuerzas precisamente en sus fantasías de niño, mientras el lector asiste a una doble historia: una que es vista con los ojos de Michele, y otra, trágica, que afecta a los mayores de Acqua Traverse, miserable caserío perdido entre los campos de trigo. El resultado es un relato poderoso y de una absoluta felicidad narrativa, donde se respiran atmósferas emparentadas con Las aventuras de Tom Sawyer o los Cuentos populares italianos de Italo Calvino y que mereciera en su momento los premios Viareggio y Strega. Novela del descubrimiento de uno mismo a través del peligro más extremo, y de la necesidad de afrontarlo, No tengo miedo es un adiós desolador a la edad de los juegos. «Justifica la celebración de su décimo aniversario y sus cerca de 1.400.000 ejemplares vendidos» (Gian Arturo Ferrari, La Repubblica).

«Ammaniti revive admirablemente el mundo de la infancia, sus códigos, sus secretos, sus temores y preguntas, las insignificantes y las esenciales» (Bruno Corty, Le Figaro).

«Una obra maestra» (Michael Dibdin, The Guardian).

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